Avatares e influencers creados con IA irrumpen en las elecciones de Brasil

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Portada: Monero Hernández

(20 DE OCTUBRE, 2026).-Desde una recreación digital de Jair Bolsonaro hasta personajes ficticios que acumulan millones de visualizaciones, la inteligencia artificial transforma la propaganda política y plantea nuevos desafíos para la justicia electoral brasileña.

La inteligencia artificial se ha convertido en una herramienta cada vez más visible en la campaña presidencial de Brasil. Avatares que imitan a figuras públicas, influencers que no existen y videos manipulados circulan en redes sociales con mensajes sobre los candidatos y el rumbo del país.

El fenómeno adquiere relevancia en la contienda entre el presidente Luiz Inácio Lula da Silva y el senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro. En este escenario, distintos contenidos generados o alterados mediante inteligencia artificial han abierto interrogantes sobre la transparencia de la propaganda electoral y la capacidad de las autoridades para regular su difusión.

Los casos documentados van desde la aparición virtual del expresidente durante el lanzamiento de la candidatura de su hijo hasta personajes ficticios que difunden comentarios políticos y una influencer artificial que aparece en videos junto a Flávio Bolsonaro.

Aunque estas prácticas no necesariamente forman parte de una misma operación, muestran cómo las herramientas de IA pueden utilizarse para producir mensajes políticos con apariencia de contenido personal o espontáneo.

Jair Bolsonaro reaparece mediante un avatar de inteligencia artificial

En julio, una recreación digital de Jair Bolsonaro apareció durante el lanzamiento de la candidatura presidencial de su hijo. El video reproducía su imagen y su voz mediante inteligencia artificial, pese a que el expresidente se encontraba bajo arresto domiciliario y estaba impedido de participar en la contienda electoral.

La figura virtual aclaró que se trataba de una simulación y expresó su respaldo a Flávio Bolsonaro. La aparición provocó cuestionamientos sobre los límites legales y políticos del uso de representaciones digitales de personas sujetas a restricciones judiciales.

Reuters informó que el caso abrió una controversia sobre la posibilidad de utilizar un avatar para transmitir mensajes políticos que, de otra manera, podrían estar limitados por la situación judicial de la persona representada. La defensa de Flávio sostuvo que el uso de la inteligencia artificial era transparente y no buscaba engañar al público.

El episodio también llegó al ámbito judicial. La discusión se centra en cómo deben aplicarse las normas electorales a los contenidos sintéticos y qué responsabilidades corresponden a quienes los producen, autorizan o difunden.

Dona Maria: la influencer política que no existe

Dona Maria es uno de los ejemplos más conocidos de personajes creados mediante inteligencia artificial que participan en el debate político brasileño.

La figura representa a una mujer negra de edad avanzada que aparece frente a un micrófono para criticar al gobierno de Lula, cuestionar la situación económica y comentar asuntos de política nacional. Sus publicaciones en Instagram y TikTok han acumulado millones de visualizaciones.

Sin embargo, Dona Maria no es una persona real: su rostro, su voz y sus intervenciones son generados digitalmente.

Una investigación de Bloomberg publicada el 27 de agosto identificó a Daniel Santos, un conductor de transporte por aplicación de Río de Janeiro, como el creador del personaje. Santos también promociona servicios de producción audiovisual con inteligencia artificial y ofrece enseñar a otras personas a elaborar contenidos similares.

La investigación documentó que Dona Maria difunde críticas recurrentes a Lula y a su gobierno. El caso ilustra cómo un personaje artificial puede adoptar la apariencia de una ciudadana común y participar en discusiones políticas sin que el público necesariamente identifique de inmediato que está viendo una representación sintética.

El alcance de estas cuentas plantea preguntas sobre la transparencia de los contenidos, la responsabilidad de sus creadores y el papel que pueden desempeñar los personajes ficticios en la formación de opiniones políticas.

No obstante, la existencia de una influencer artificial que critica al presidente no demuestra por sí misma que forme parte de una campaña electoral organizada o financiada por algún partido.

El Tribunal Electoral ordena retirar publicaciones de Flávio Bolsonaro

El uso de inteligencia artificial en la campaña también ha llegado al Tribunal Superior Electoral (TSE) de Brasil.

El 8 de octubre, el tribunal ordenó por unanimidad retirar tres publicaciones difundidas por Flávio Bolsonaro en la red social X. Una de ellas utilizaba inteligencia artificial para representar a Lula en una situación ficticia sin identificar de manera expresa que el contenido había sido generado mediante esa tecnología.

Las otras dos publicaciones fueron cuestionadas por asociar al presidente con organizaciones criminales sin un sustento fáctico mínimo.

La resolución dispuso que los contenidos fueran retirados en un plazo de 24 horas y prohibió volver a difundir las mismas publicaciones o materiales sustancialmente idénticos. El TSE señaló que la falta de identificación expresa del contenido generado mediante inteligencia artificial incumplía las obligaciones de transparencia previstas en las normas electorales.

La decisión muestra que el debate no se limita a la existencia de videos falsos: también abarca las condiciones en que se presentan los contenidos sintéticos, la posibilidad de que descontextualicen a un candidato y las responsabilidades derivadas de su difusión durante una campaña.

Julia Cortez: la influencer artificial que aparece junto a Flávio Bolsonaro

Otro caso que circuló en redes sociales es el de Julia Cortez, una influencer virtual de apariencia joven y cabello rubio que acumula alrededor de medio millón de seguidores en Instagram, según reportes publicados el 20 de octubre.

En distintos videos, el personaje aparece junto a Flávio Bolsonaro durante actos y actividades políticas. Algunas grabaciones fueron manipuladas digitalmente para insertar a la figura artificial en escenas protagonizadas originalmente por otras personas.

Una de las imágenes más difundidas muestra a Julia bailando junto al candidato sobre un remolque. De acuerdo con la cobertura de ANSA y otros medios, la joven no existe como persona real: se trata de una creación mediante inteligencia artificial.

El perfil también habría promocionado contenido de pago a través de otros canales digitales. Este elemento obliga a distinguir entre el uso comercial de un personaje artificial y una posible operación de propaganda electoral.

Aunque sus publicaciones la muestran cerca de Flávio Bolsonaro, no basta esa proximidad visual para concluir que la campaña creó, financió o coordinó el perfil. Para establecer una relación de ese tipo sería necesario contar con pruebas sobre su autoría, financiamiento o coordinación.

El caso evidencia, sin embargo, el potencial de las imágenes manipuladas para fabricar escenas que parecen documentar encuentros reales y para asociar a un candidato con personajes que nunca estuvieron físicamente a su lado.

La propaganda sintética desafía las reglas electorales

Los casos de Jair Bolsonaro, Dona Maria y Julia Cortez muestran diferentes usos de la inteligencia artificial en la comunicación política: recrear a una figura pública, producir personajes ficticios que opinan sobre asuntos nacionales y alterar videos para insertar personas inexistentes en escenas reales.

Estas prácticas plantean retos para las autoridades electorales. La identificación del contenido generado mediante IA, la transparencia sobre quién lo produce y la determinación de responsabilidades resultan especialmente relevantes cuando las publicaciones circulan durante una campaña.

En Brasil, las decisiones del TSE sobre publicaciones de Flávio Bolsonaro muestran que las reglas electorales ya se están aplicando a contenidos fabricados o manipulados digitalmente. Sin embargo, cada caso requiere analizar el material específico, su contexto y las normas aplicables.

La cuestión de fondo es cómo garantizar que los ciudadanos puedan distinguir entre hechos documentados, sátira, representaciones virtuales y escenas manipuladas, sin perder de vista que la responsabilidad debe establecerse con pruebas y no únicamente a partir de la apariencia de un video o de la postura política de un perfil.

A medida que la inteligencia artificial abarata y acelera la producción audiovisual, la campaña brasileña se convierte en un escenario para examinar los límites de estas tecnologías y la capacidad de las instituciones para proteger la transparencia del debate electoral.

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