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(11 DE SEPTIEMBRE, 2026).-Mientras Trump invoca el 11-S para justificar la guerra con Irán, Washington normalizó relaciones con Ahmed al-Sharaa, antiguo dirigente de HTS.
Mientras Donald Trump vuelve a utilizar la memoria de los atentados del 11 de septiembre de 2001 para presentar a Estados Unidos como víctima del terrorismo y defender su actual confrontación con Irán, su política hacia Siria muestra un giro radical.
Washington pasó de considerar a Ahmed al-Sharaa, antiguo dirigente de Hayat Tahrir al-Sham (HTS) y anteriormente conocido como Abu Mohammed al-Golani, como una figura vinculada al terrorismo, a reconocerlo como presidente de Siria e interlocutor diplomático.
El contraste permite observar cómo las prioridades geopolíticas pueden modificar la política estadounidense frente a actores que anteriormente fueron considerados amenazas terroristas.
De Al Qaeda en Irak a dirigente de Siria
Al-Sharaa se incorporó a Al Qaeda en Irak durante la invasión estadounidense de 2003 y posteriormente regresó a Siria, donde participó en la creación del Frente al Nusra, organización que durante años fue la filial de Al Qaeda en Siria.
En 2016 anunció la ruptura de su organización con Al Qaeda. Posteriormente, el Frente al Nusra pasó a integrarse en el proceso que dio origen a Hayat Tahrir al-Sham (HTS).
La trayectoria de Al-Sharaa cambió de manera radical después de la ofensiva que culminó con la caída de Bashar al-Assad en diciembre de 2024. Al-Sharaa pasó a encabezar las nuevas estructuras de poder sirias y posteriormente asumió la presidencia del país.
Reuters ha descrito su transformación como el paso de dirigente de una organización vinculada con Al Qaeda a jefe de Estado y interlocutor de gobiernos extranjeros.
De objetivo de Washington a reunión con Trump
El giro de la política estadounidense se hizo visible en mayo de 2025, cuando Donald Trump se reunió con Al-Sharaa en Riad, Arabia Saudita.
Durante el encuentro, Trump expresó su disposición a dar una oportunidad al nuevo dirigente sirio y su Gobierno. La reunión ocurrió después de que Washington anunciara medidas para levantar las sanciones económicas contra Siria.
El Gobierno estadounidense comenzó así a modificar buena parte de la política de aislamiento que había mantenido hacia Siria durante el régimen de Assad.
En junio de 2025, Trump firmó una orden ejecutiva para revocar el programa general de sanciones contra Siria. El Departamento del Tesoro explicó que la medida buscaba apoyar al nuevo Gobierno sirio, aunque mantuvo sanciones contra Assad, sus asociados y otros actores considerados desestabilizadores.
Estados Unidos revoca designaciones contra HTS y Al-Sharaa
Otro paso importante ocurrió en julio de 2025, cuando Estados Unidos revocó la designación de Hayat Tahrir al-Sham como organización terrorista extranjera. La decisión entró en vigor el 8 de julio.
La medida no significó que Washington considerara irrelevante el pasado de la organización. El cambio respondió a la evaluación estadounidense de que las circunstancias que habían dado origen a la designación habían cambiado.
Posteriormente, en noviembre de 2025, Estados Unidos retiró a Ahmed al-Sharaa de la lista de Terroristas Globales Especialmente Designados, de acuerdo con documentos del Departamento del Tesoro.
Y en agosto de 2026, Washington dio otro paso: Estados Unidos retiró a Siria de su lista de Estados patrocinadores del terrorismo. El Departamento del Tesoro señaló que la medida formaba parte de la política de alivio de sanciones hacia el nuevo Gobierno sirio.
Un pasado que Washington no niega
La transformación de Al-Sharaa no significa que actualmente pertenezca a Al Qaeda ni que haya participado en los atentados del 11-S.
Su ruptura con Al Qaeda ocurrió en 2016 y posteriormente buscó presentar a su movimiento como una fuerza centrada en Siria, en lugar de una organización dedicada a la yihad global. Reuters ha documentado tanto su pasado dentro del movimiento yihadista como su posterior transformación política.
El propio Gobierno estadounidense mantuvo durante años medidas contra Al-Sharaa. En diciembre de 2024, el Departamento de Estado todavía confirmó que la recompensa de 10 millones de dólares ofrecida por información que condujera a su captura seguía vigente. Poco después, Washington dejó de perseguir esa recompensa.
La secuencia ilustra la magnitud del cambio: de una recompensa por información sobre su paradero a una reunión con el presidente estadounidense en Riad.
Terrorismo, intereses estratégicos y política exterior
El contraste cobra especial relevancia mientras Trump utiliza el recuerdo del 11-S para defender la guerra contra Irán.
Los atentados de 2001 fueron perpetrados por Al Qaeda, y no existe evidencia de que Al-Sharaa haya participado en ellos. Tampoco puede equipararse su trayectoria posterior con la responsabilidad por los ataques.
La cuestión es distinta: qué determina que Washington considere a un actor una amenaza terrorista y cuándo está dispuesto a normalizar relaciones con ese mismo actor o con organizaciones que estuvieron vinculadas con él.
El caso sirio muestra que esas categorías pueden cambiar cuando también cambian las condiciones políticas y estratégicas.
En 2025 y 2026, Estados Unidos pasó de una política de aislamiento y sanciones hacia Siria a una estrategia de acercamiento al nuevo Gobierno de Al-Sharaa, mientras mantenía medidas específicas contra actores vinculados con el antiguo régimen de Assad, organizaciones terroristas y otros grupos considerados desestabilizadores.
Por ello, más que demostrar que Estados Unidos considera a Al-Sharaa “no terrorista” de manera absoluta, el caso revela la capacidad de la política exterior estadounidense para modificar sus clasificaciones, sanciones y alianzas cuando cambian sus objetivos estratégicos.






