Invisibles

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(17 DE JULIO, 2023) Por J. Jesús Esquivel.

 

Invisibles

 

 

Washington – Revisaba junto con un colega corresponsal mexicano en Estados Unidos los últimos reportes sobre los migrantes centroamericanos, caribeños y sudamericanos varados en México.

“Siguen ahí, la mayoría en la frontera y nadie dice nada; como si no existieran o fueran invisibles”, comentó mi colega.

Es cierto, desde que el gobierno y la prensa de Estados Unidos dejó de mencionar la crisis migratoria en la frontera con México, en una homologación inhumana, nosotros también nos enredamos en ese mutismo mientras los peregrinos que huyen de la violencia y la pobreza permanecen en el limbo y sin patria.

La gran mayoría de migrantes procedentes de Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Haití, Cuba y Venezuela viven en la desesperación mientras en territorio mexicano sueñan y esperan que el gobierno estadunidense les dé la oportunidad de presentar su caso de petición de asilo y con ello les permitan ingresar al territorio prohibido.

Es innegable que México sigue haciéndole el trabajo sucio al gobierno de Joe Biden en materia migratoria. Presionado por las amenazas racistas y conservadoras de republicanos en el Congreso federal de su país y por temor a perder el voto de millones de sus ciudadanos, Biden mantiene cerrada la puerta fronteriza a los migrantes.

El mandatario estadunidense está consciente de que mientras esos migrantes permanezcan en México al acecho de una audiencia de asilo y no se asomen en masa a la región limítrofe, amenazando con ingresar de manera indocumentada, con el olvido de los medios de su país de ese asunto él podrá seguir durmiendo con toda tranquilidad.

No sabemos cuánto cuesta al país hacer el papel de sala de espera porque en la Secretaría Gobernación no han dicho nada al respecto. Si Estados Unidos está aportando financiamiento para ello, en Palacio Nacional no dicen ni pío, ya que sería bochornoso admitirlo.

Los grupos defensores de los derechos humanos de los migrantes siguen exigiendo que se atienda con urgencia la crisis de esos peregrinos. Son más de 10 mil personas las que se encuentran varadas en México y los refugios donde se les atiende están a tope y sin fondos.

Invisibles no son esos inmigrantes. Hasta a mis padrinos, los hijos del Averno y al Chamuco, se les arruga el corazón por asimilar que los pecados de Biden nuestro gobierno los oculta debajo del petate.

Atender esa crisis humanitaria existente y palpable debería ser una de las prioridades de la agenda bilateral. Washington no deja de exigir al presidente Andrés Manuel López Obrador que haga más y más para detener al flujo de drogas que corre de sur a norte.

Para la Casa Blanca, esos migrantes son hoy invisibles por su histórica y notoria insensibilidad a las tragedias humanas del Río Bravo hacia abajo.

Los acuerdos que a oscuritas firmó el gobierno mexicano, primero, con Donald Trump y posteriormente con Biden, nunca han sido expuestos por Gobernación ni por la Secretaría de Relaciones Exteriores.

Existen esos acuerdos y sus detalles son lo que ambos gobiernos quieren desaparecer. Para la Casa Blanca y el Capitolio la problemática fronteriza es de momentos y tiempos. No podemos borrar de nuestra mente el hecho de que cuando se ven involucrados en una crisis migratoria, los gringos eligen una salida por la puerta falsa.

Nos amenazan con cerrar la frontera hasta para el intercambio comercial legítimo, negocio del cual dependen millones de personas.

No conformes, si nuestro gobierno no hace lo que le condicionan, los gringos amagan con invadirnos para darnos una lección de cómo a su estilo se aplican correctivos. Militarizan la frontera de cristal, como la llamó Carlos Fuentes en una de sus obras. Nos pisotean y escupen mientras nos envolvemos en un nacionalismo inhumano.

La retórica política de dimes y diretes no ayuda ni aporta nada para solucionar la situación de los olvidados. Repito, no son invisibles y sí son susceptibles a todo tipo de abusos.

Entre los migrantes, las mujeres y los menores de edad están pasando por momentos que no quisiéramos emular. Son personas que no saben qué les depara la suerte y caprichos de políticos que con desdén juegan con ellos por intereses electorales. Nosotros, la prensa, no debemos olvidarlos. Cívica y moralmente no podemos hacerle el caldo gordo ni al gobierno de Estados Unidos ni al de México. Reitero, no son invisibles.

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