Borrados

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(26 DE JUNIO, 2023) Por J. Jesús Esquivel.

 

Borrados

 

 

Washington.- Falta mucho para las elecciones del 2 de junio de 2024, no obstante la lucha por la presidencia del país está más que adelantada.

Estos tecladazos no tienen la menor intención de revivir a la Parca para hacer pronósticos sobre quién va a reemplazar en Palacio Nacional al presidente Andrés Manuel López Obrador. El único que lo sabe, y sin temor a meter la pata, es el malévolo gran Chamuco, pero fiel a su religión, ni a mis padrinos, los hijos del Averno se los va a decir. Sin emoción no tiene chiste la película.

En la mente de la mayoría de nosotros, los mexicanos y hasta en la de algunos extranjeros metiches, sabemos que la contienda será entre dos.

Correcto, habrá seguramente una que otra u otros desorientados que por el simple hecho de ganar algo de notoriedad pretenderán hacer estorbo.

Seamos honestos y prácticos; en México no hay una sola figura política de oposición que pueda siquiera hacer sombra a la continuidad de ahora. Están borrados o, mejor dicho; se borraron solos del mapa electoral.

Omitiendo cualquier atisbo de sugerencia para quienes lean a este tecleador, subrayo y enfatizo que en ningún país del mundo existe el político y gobernante perfecto. Todos mienten y todos a la hora de ejercer el poder se olvidan de sus promesas electorales y preparan la mesa para atender a los intereses del sector privado y del dinero. Es así. Tecleado esto, marquemos las diferencias entre unos muchos y los pocos otros que nos quedan en el menú electoral. Desde que empecé a estar de entrometido entre pláticas de adultos -en la casa de mis padres, claro- en época electoral recuerdo siempre la eterna queja de mi Jefa: “No hay que creerles, cuando ganan se olvidan de uno y no importa su partido; todos son iguales”.

Mi madre, con esta breve cátedra sobre la estirpe política mexicana, fue la causante de que me naciera la idea de intentar denunciar a la corrupción gubernamental y auspiciar la rendición de cuentas de nuestros funcionarios públicos; son nuestros empleados, pagamos sus sueldos. Claro, debo anteponer antes de seguir desperdiciando tinta con mi diatriba que, cuando mi Jefa hablaba de esto, México padecía bajo la hegemonía política más ratera, corrupta y descarada de nuestra historia: la del Partido Revolucionario Institucional (PRI).

Ya después nos fregaron peor con la llegada de Vicente Fox a la presidencia, nos rechingaron con la de Felipe Calderón y luego, como si fuéramos masoquistas, regresó la roña del PRI con Enrique Peña Nieto.

Subrayar el nombre de estos tres ejemplos de corrupción y abuso de poder es hablar de los borrados que pretenden revivir al pasado.

Me da flojera e insisto; se auto anularon, escribir el nombre de las y los aspirantes que sueñan con restablecer el estilo del régimen podrido. No solo arrastran una cola larga de corrupción, sino que algunas de estas figuras dan la impresión de que se miran todos los días al espejo y por tanto maquillaje que se ponen no se dan cuenta que son un mal chiste.

¡Aguas con hacer conclusiones infundadas sobre el propósito de Entre calaveras y diablitos! No con todo lo anterior pretendo decir que la continuidad sea lo mejor. Es lo que hay y quien no quiera aceptar que habrá continuidad en el estilo de gobernar desde Palacio Nacional en 2024, es porque consiguió prestado el espejo de las y los borrados.

Existe una lista muuuy larga de reclamos y exigencias al presidente López Obrador sobre los giros inesperados que tomó al recibir la banda presidencial. Pero, seamos también honestos. Creo que sin que sea santo de devoción de todo México, López Obrador aunque por igual originario de una cuna política priista, sí marcó una gran diferencia en el país.

Nos mintió respecto al regreso de los militares a sus cuarteles, se les volteó a quienes lo apoyaron en toda su lucha política porque no cumplieron ciegamente sus directrices ni comulgaron con sus papaloteos. Se rodeó de empresarios fifís y hasta defendió a los indefendibles para cualquier ciudadano de a pie; a Donald Trump y Ricardo Salinas Pliego por poner nada más dos ejemplos.

La afluencia a las urnas el 2 de junio de 2024 será el referéndum de la sociedad mexicana al legado de López Obrador. No va a salir reprobado, eso sí lo garantizo y es a costillas de los borrados.

No nos hagamos como el Tío Lolo; la contienda por la presidencia de México está entre dos: ella y él. Y saben bien a quiénes me refiero.

 

 

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