No son el ombligo de nuestros intereses

COMPARTA ESTE ARTÍCULO
Tiempo de lectura: 3 minutos

(25 DE JULIO, 2022) Por J. Jesús Esquivel.

 

No son el ombligo de nuestros intereses

 

Washington – Ante las circunstancias y lo ríspido de la relación con Estados Unidos en materia energética y comercial, se me vino a la mente una conversación que tuve hace algunos años con Jeffrey Davidow.

“Ustedes en México, pero sobre todo sus políticos y gobernantes, exageran la importancia de la relación bilateral”, me comentó Davidow, embajador de Estados Unidos en nuestro país de agosto de 1998 a septiembre de 2002.

“Exageran mucho, son muy dramáticos”, me explicaba Davidow entre las bocanadas de humo de su puro cubano.

“Mira, como dicen ustedes; se tiran al piso ante cualquier cosa que tenga que ver con Estados Unidos. Creen que son el ombligo de los intereses de la política exterior en Washington y no lo son. Nosotros sí somos el ombligo de los intereses de la política exterior de México por el comercio, por la migración, por el narcotráfico y por el turismo. Yo cuando estuve de embajador en México les hacía creer lo contrario, ese era mi trabajo. El ombligo de la política exterior de Estados Unidos es el Medio Oriente, China, Rusia y el capital extranjero. No hay más”, me machacó Davidow quien, desde mi punto de vista, ha sido uno de los enviados del Departamento de Estado más astutos y descarados que haya fungido como diplomático en la capital mexicana.

Con demasiada frecuencia, en Palacio Nacional, el presidente Andrés Manuel López Obrador -y con mucha razón en ocasiones- habla de la relación con Estados Unidos. El temor a la injerencia de Washington en los temas nacionales está siempre latente.

Hay un pleito en ciernes; el referente al tema energético en el T-MEC, cuya solución será parteaguas para los años venideros en la relación y cooperación bilateral. No podemos permitir que Estados Unidos haga lo que quiera en México, ni mucho menos sus empresas, siempre ansiosas de lo que les ofrece nuestro país en recursos y mano de obra barata. Con su firma, el presidente López Obrador festejó en la Casa Blanca el 8 de julio de 2020 la ratificación del T-MEC al lado de Donald Trump. Ese compromiso avalado por AMLO compromete a México a responder ante las quejas de Estados Unidos y las de Canadá en el ámbito energético, pero no nos obliga a doblegarnos sin una batalla que, es cierto, puede salirnos cara. De ser este el caso, México también puede imponer aranceles a lo que nos exportan los canadienses y los gringos. Eso sería una guerra comercial con implicaciones graves para el bolsillo de las sociedades de las tres naciones. Lo que me dijo Davidow es entendible.

Estoy seguro de que fuera del círculo político, empresarial y comercial de Estados Unidos, ni uno de cada 10 mil estadunidenses sabe de la disputa energética del T-MEC y es posible que hasta ignore la existencia del acuerdo comercial tripartita.

Que me quemen en el asador del Chamuco mis padrinos, los hijos del averno, si el T-MEC no es el pilar y fundamento del neoliberalismo. Siendo candidato y ahora como presidente, AMLO denuncia y atañe a las políticas neoliberales muchos de los males económicos que padecemos los mexicanos y otras naciones en el mundo. Entendible y lógico, hasta cierto punto, el argumento del presidente de México.

No obstante, fue él, emblema de la antítesis de las políticas implementadas por exmandatarios corruptos y rateros como Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, quien al lado de Trump festejó la ratificación del T-MEC. Y tarde o temprano el tiro nos iba a salir por la culata.

Gracias a ese acuerdo de libre comercio, idea de Salinas de Gortari, ahora estamos obligados a responder como dicta el T-MEC para la solución de disputas. Nos guste o no, y aunque lo endulcemos a ritmo de Chico Che, la bronca comercial y energética con Canadá y Estados Unidos va a dejar raspados a los tres países. Puede México renunciar al T-MEC y olvidarse de todo, pero seamos realistas: AMLO no va a dar marcha atrás a lo que fue a festejar con su amigo Trump a la Casa Blanca.

Quien puede salir bailando por todo este embrollo y no necesariamente a ritmo de Chico Che, es Ken Salazar, el actual embajador de Gringolandia en nuestro país. En el Departamento de Estado en Washington, según los rumores diplomáticos, ya están buscando al reemplazo del gringo buena gente del sombrerito.

COMPARTA ESTE ARTÍCULO

Entradas relacionadas