Fue la economía, gobernador

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(18 DE ABRIL, 2022) Por J. Jesús Esquivel. 

 

Washington – Greg Abbott, el gobernador del estado de Texas, es un político conservador y antiinmigrante. El acuerdo al que llegó con sus contrapartes de la frontera norte de México no se dio por astucia negociadora limítrofe. La frase histórica de Bill Clinton cuando ganó precisamente a un texano la presidencia de Estados Unidos (George H.W. Bush), se aplica al problema creado y solucionado por Abbott, con los camiones de carga mexicanos: ‘Es la economía, estúpido’.

En protesta -y que esto, como decimos en Entre calaveras y diablitos, quede escrito en piedra- a las políticas migratorias que ordenó el presidente de su país, Joe Biden, de restaurar los sistemas de asilo sin regresar o retener en México a los peticionarios de América Central y que Donald Trump había suspendido, Abbott instrumentó la bendita idea de boicotear la entrada por Texas de los camiones procedentes de México.

Racista y antiinmigrante como el expresidente Trump, su correligionario de partido e ideología, Abbott, creó la doble revisión, redundante y costosa a los camiones de carga mexicanos desestimando las consecuencias económicas y comerciales para su estado.

Al comercio de México y de acuerdo al cálculo extraoficial más conservador del sector exportador, el capricho de Abbott le costó unos 100 millones de dólares. Migajas para el tamaño de la economía de Texas si hacemos una comparación macroeconómica.

Sin embargo, a los empresarios y consumidores texanos, las decisiones irracionales de su gobernador de acuerdo con los expertos en temas comerciales y de inversión del estado cuyo emblema es una estrella, el embudo transfronterizo de los camiones tuvo una repercusión inflacionaria y de pérdidas de por lo menos 400 millones de dólares.

Con una tasa inflacionaria nacional anualizada de 8.5%, la estrategia del gobernador republicano agregó otro incremento de tres cuartos de puntos porcentuales al alza del costo de productos y servicios por el bloqueo a la cadena de suministros que les llegan de México.

A los empresarios que instrumentan la distribución de los productos importados de México por medio de los multifacéticos ramales del comercio internacional, Abbott le generó otros perjuicios de varios centenares de millones de billetes de los verdes. Fueron precisamente los empresarios y la ciudadanía texana y no los oficios políticos de los gobernadores norteños de México, quienes obligaron al gobernador republicano a cambiar de táctica para dejar de entorpecer al comercio.

A los vecinos del norte les vale un comino el futuro político de un demócrata o republicano mientras no les pegue en lo que más les duele: el bolsillo. Está claro que fue la economía, gobernador, lo que lo doblegó a sus aspiraciones protagonistas transfronterizas.

Desde la sede del partido republicano le hicieron ver a Abbott el autogol que se metió con el bloqueo a los camiones mexicanos. Encarecer el precio de los productos y afectar la billetera de quienes se enriquecen con el comercio de México tendrá sus efectos electorales.

El 8 de noviembre de este año, Abbott someterá al juicio de los electores texanos su aspiración a quedarse otros cuatro años como gobernador. Sí, faltan muchos meses para esos comicios, pero Beto O’Rourke el candidato del partido demócrata, se encargará de recordarle en su momento a los electores lo hecho por Abbott con los camioneros.

O’Rourke no es una lumbrera, pero de afectos y efectos de la relación comercial con México sí sabe. Como ciudadano de El Paso y por lo menos testigo de lo que representa la comunión limítrofe con Ciudad

Juárez, Chihuahua, el candidato demócrata entiende lo que es depender a las importaciones mexicanas.

La campaña proselitista que Abbott le escribe a O’Rourke con sus brillantes ideas de bloqueo al estilo trumpiano, tendrá un aliciente antimigratorio. Texas tiene cada vez más un rostro electoral de raíces mexicanas. Y aunque hay pochos que reniegan de sus orígenes, a una gran mayoría le duele el racismo para con quienes ‘hablan español’. Habrá que rezar para que a ningún político de los nuestros llame “amigo” Abbott por tratar con “respeto y dignidad a los mexicanos”. Aunque, viéndolo bien y tomando a Trump como antecedente, el abrazo de un político mexicano en este sentido puede ser como el beso del diablo; sin que se me ofendan mis padrinos e hijos del averno.

 

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