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(06 DE MARZO, 2026).-Nacida en el estado de Misisipi, la telepredicadora estadounidense Paula White, de 59 años, pasó en febrero de 2025 de fungir como asesora espiritual del presidente Donald Trump a encabezar la recién creada Oficina de la Fe en la Casa Blanca.
El nombramiento generó cuestionamientos tanto por la creación de un cargo que algunos consideran cercano a la confesionalidad del Estado, como por el perfil de White, quien incluso ha sido criticada dentro de sectores conservadores cercanos a Trump, donde se han escuchado acusaciones de “herejía”.
La controversia gira en torno a su papel como una de las figuras más visibles del llamado Evangelio de la Prosperidad, una corriente religiosa que sostiene que la fe y la devoción están directamente vinculadas con el éxito económico. White predica esta doctrina desde una megaiglesia ubicada en Apopka, en Florida, además de difundir sus ideas a través de programas televisivos, podcasts y publicaciones.
Entre ellas destaca el libro Money Matters, en el que sostiene que las finanzas personales están relacionadas con la espiritualidad. “El dinero sigue tu sistema de valores”, ha afirmado la predicadora en distintos espacios de difusión.
Su ascenso dentro del entorno presidencial también ha sido interpretado como un respaldo político a otros líderes religiosos con posturas similares, entre ellos el pastor Creflo Dollar, quien desde su iglesia en Georgia sostiene que la prosperidad económica de los creyentes forma parte de la voluntad divina. A esta corriente también se asocia el televangelista Joel Osteen, que predica en Texas vinculando fe y éxito financiero.
Otro exponente es el actor y predicador Kenneth Copeland, quien en su obra Las leyes de la prosperidad compara la devoción religiosa con una inversión económica. “¡Ningún banco en el mundo ofrece este rendimiento!”, afirma en el texto.
Para White y otros promotores de esta doctrina, el nivel de riqueza de un creyente puede interpretarse como una señal de su relación con Dios. El biblista peruano Martín Ocaña ha descrito esta visión como una forma de medir la fe a partir del éxito financiero.
Analistas también han señalado las implicaciones políticas de esta corriente. Según el columnista Edward Luce, del Financial Times, si la riqueza se presenta como un reflejo de la bendición divina, la pobreza queda reducida a un signo de falta de fe o impiedad individual, lo que tiende a invisibilizar sus causas estructurales.





