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(12 DE FEBRERO, 2026).-El sorpresivo cierre del espacio aéreo en El Paso, Texas, ordenado por la Administración Federal de Aviación (FAA) de Estados Unidos y levantado apenas nueve horas después, ha generado una oleada de dudas, contradicciones oficiales y señalamientos políticos, en medio de un clima de alta sensibilidad por la seguridad fronteriza con México.
El aviso inicial de la FAA, emitido alrededor de la medianoche, se limitó a informar que la medida obedecía a “razones especiales de seguridad” y advertía que los vuelos con origen o destino en el Aeropuerto Internacional de El Paso permanecerían suspendidos durante 10 días. La instrucción incluía una prohibición total de vuelos por debajo de los 5 mil 450 metros de altura, una restricción extrema que no se aplicaba desde los atentados del 11 de septiembre de 2001 y que incluso advertía que las aeronaves infractoras podrían ser derribadas.
Sin embargo, conforme avanzó la mañana y las operaciones aeroportuarias se reanudaron, la versión oficial comenzó a cambiar. El secretario de Transporte de Estados Unidos, Sean Duffy, aseguró que el cierre respondió a una incursión de drones pertenecientes a un cártel mexicano en el espacio aéreo estadounidense, los cuales —afirmó— fueron neutralizados.
La narrativa se intensificó cuando la fiscal general de Estados Unidos, Pam Bondi, retomó el tema durante su comparecencia ante el Congreso por el manejo de los archivos del pederasta Jeffrey Epstein. Ahí sostuvo que “los militares están derribando drones de los carteles” y que la prioridad debía ser “proteger a Estados Unidos”, alimentando la idea de una amenaza directa desde México.
No obstante, otras voces dentro del propio Congreso y de la prensa estadounidense desmintieron esa versión. La congresista demócrata por Texas, Jasmine Crockett, citó a medios locales para afirmar que el cierre se debió en realidad a un impasse entre la FAA y el Departamento de Defensa por el uso de aeronaves militares no tripuladas, y no a drones de organizaciones criminales mexicanas.
Desde México, la presidenta Claudia Sheinbaum también se pronunció al respecto durante su conferencia matutina. La mandataria afirmó que el Gobierno mexicano no tiene información que indique actividad de drones en la frontera y subrayó que, de existir datos relevantes, las agencias estadounidenses pueden comunicarse directamente con el Ejecutivo mexicano.
Con el paso de las horas, medios estadounidenses comenzaron a revelar una versión aún más distinta. La cadena CBS reportó que lo que se detectó no fue un dron, sino un globo de fiesta de cumpleaños, derribado durante pruebas de tecnología antidrones —un “láser de alta energía”— realizadas por la propia FAA cerca de la frontera sur. Según el medio, el administrador de la FAA, Bryan Bedford, tomó la decisión de cerrar el espacio aéreo sin informar previamente a la Casa Blanca, el Pentágono ni al Departamento de Estado.
Otros medios de peso, como POLITICO, señalaron que la restricción se impuso porque el Departamento de Defensa estaba utilizando drones y probando tecnología antidrones en el espacio aéreo cercano a México, sin compartir información crítica con la FAA. Incluso Fox News, de línea conservadora, confirmó esta versión al citar a un alto funcionario de la Administración republicana, quien reconoció que el objeto derribado fue finalmente identificado como un globo, cuya mala clasificación detonó el cierre total del espacio aéreo.
Mientras tanto, medios afines al movimiento MAGA, como Breitbart, informaron sobre el cierre inicial, pero evitaron profundizar en las contradicciones entre la FAA y el Departamento de Defensa. Hasta el momento, ninguna de las dos instituciones ha emitido una explicación oficial y definitiva de lo ocurrido.
A nivel local, el alcalde de El Paso, Renard Johnson, calificó la medida como “innecesaria” y sostuvo que “nunca debió haberse implementado”. Criticó la falta de coordinación con autoridades municipales, hospitales y el aeropuerto, y denunció que la restricción provocó caos, confusión y el desvío de vuelos de evacuación médica hacia Las Cruces, en el vecino estado de Nuevo México.
En contraste, el congresista republicano por Texas, Tony Gonzales, minimizó el episodio al asegurar que las incursiones de drones en la frontera son habituales. “Para quienes vivimos y trabajamos en la frontera, esto es algo cotidiano. Estas incursiones ocurren a diario”, afirmó en entrevista con un medio local, aunque reconoció que aún queda “mucho camino por recorrer” para enfrentarlas.
El episodio dejó al descubierto no solo fallas de coordinación entre agencias estadounidenses, sino también cómo una alerta de seguridad puede transformarse rápidamente en un arma política y mediática, con repercusiones diplomáticas y sociales a ambos lados de la frontera.





