De los aranceles a Caracas: así se reconfiguró EE. UU. bajo el segundo mandato de Trump

José Shaddai Olvera Torres
9 Minutos
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Portada: Jerge

(20 DE ENERO, 2026).-El segundo mandato de Donald Trump, iniciado el 20 de enero de 2025, ha estado marcado por una intensidad política poco habitual, un uso extensivo del poder ejecutivo y una estrategia de confrontación tanto interna como internacional. A lo largo de su primer año en la Casa Blanca, el presidente estadounidense ha impulsado una agenda que combina proteccionismo económico, endurecimiento migratorio, debilitamiento institucional y una creciente proyección militar, con consecuencias profundas para Estados Unidos y el orden internacional.

Enero: una investidura marcada por decretos y rupturas

Trump asumió como presidente número 47 de Estados Unidos y, desde el primer día, dejó clara la orientación de su gobierno. El 20 de enero indultó a miles de personas involucradas en el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021, una decisión que reavivó el debate sobre la impunidad y el Estado de derecho.

Ese mismo mes firmó órdenes ejecutivas para eliminar la ciudadanía por nacimiento, declarar una emergencia en la frontera con México y radicalizar la política migratoria. Además, retiró a EE. UU. de la Organización Mundial de la Salud y de acuerdos ambientales como el Acuerdo de París, al tiempo que proclamó una “emergencia energética nacional” para expandir la extracción de hidrocarburos. También chocó con la Reserva Federal, presionando sin éxito para una reducción de tasas de interés, y anunció un plan de aranceles del 25 % a México y Canadá.

Febrero: aranceles, deportaciones y choque con Ucrania

Febrero consolidó la línea proteccionista y punitiva del nuevo gobierno. Trump impuso aranceles del 25 % a México y Canadá y del 10 % a China, profundizando la guerra comercial. Aunque enfrentó bloqueos judiciales, mantuvo su promesa de deportaciones masivas.

En el plano interno, inició —junto a Elon Musk— un proceso de recortes de personal federal y reorganización de agencias, y firmó sanciones contra la Corte Penal Internacional por investigar a EE. UU. y a aliados como Israel.

En política exterior, recibió al presidente ucraniano Volodímir Zelenski en una reunión tensa y hostil, en la que lo acusó de “jugar con la Tercera Guerra Mundial” y afirmó que Ucrania no estaba lista para la paz con Rusia.

Marzo: Mercados en shock y ofensiva educativa

Las decisiones comerciales de marzo sacudieron los mercados financieros. El 4 de marzo, Trump dio su primer discurso ante el Congreso y ese mismo día entraron en vigor los aranceles a México, Canadá y China. Días después, anunció un arancel del 25 % al acero y al aluminio importados.

En migración, canceló el parole humanitario, afectando a cientos de miles de personas, principalmente latinoamericanas, y reforzó el polémico esquema de deportaciones hacia El Salvador. En educación, abrió un frente contra universidades, recortando subvenciones y señalando a Harvard por supuestamente tolerar antisemitismo.

Abril: 100 días y aranceles globales

Al cumplir 100 días de gobierno, Trump declaró una emergencia económica e impuso aranceles “recíprocos” a importaciones de casi todos los países del mundo, una medida sin precedentes recientes que profundizó la incertidumbre económica global.

Mayo: la “Gran y hermosa ley”

Trump presentó su presupuesto para 2026, bautizado como la “Gran y hermosa ley”, que proponía recortar cerca del 23 % del gasto federal no militar. Realizó además su primer viaje internacional relevante a Arabia Saudita, Qatar y Emiratos Árabes Unidos, enfocado en atraer inversiones.

En un contexto de tensión racial y diplomática, recibió en la Casa Blanca al presidente sudafricano Cyril Ramaphosa, tras acusaciones de persecución a la población blanca en Sudáfrica.

Junio: protestas, ruptura con Musk y guerra regional

El 14 de junio estallaron protestas masivas bajo el lema “No Kings”, en rechazo al estilo autoritario del mandatario. Ese mes se produjo la ruptura pública con Elon Musk, tras enfrentamientos por el presupuesto y subsidios.

En la cumbre de la OTAN, Trump celebró el aumento del gasto militar al 5 % del PIB de los países miembros. En Medio Oriente, intervino militarmente en el conflicto entre Israel e Irán, atacando instalaciones nucleares iraníes y anunciando luego un alto el fuego tras la llamada “Guerra de los 12 días”.

Julio: reforma fiscal y crisis en Texas

A los seis meses de mandato, Trump celebró lo que calificó como un éxito. El Congreso aprobó su reforma fiscal, con recortes a programas sociales como Medicaid. Ese mismo mes, inundaciones en Texas dejaron más de cien muertos, y el gobierno fue duramente criticado por recortes previos a fondos de emergencia.

Agosto: Putin, cárteles y militarización

En agosto entraron en vigor nuevos aranceles y Trump federalizó la policía de Washington D. C., desplegando la Guardia Nacional. Autorizó una amplia operación militar contra cárteles de drogas, con el envío de marines y buques al Caribe, cerca de Venezuela.

El 15 de agosto, se reunió con Vladimir Putin en Alaska para discutir Ucrania y posibles acuerdos comerciales.

Septiembre: Gaza y presión regional

Ante el riesgo de un cierre del Gobierno, Trump incrementó la presión sobre América Latina. “Descertificó” parcialmente a Colombia en la lucha antidrogas y lanzó advertencias veladas contra Venezuela.

A finales de mes presentó su “plan de paz” para Gaza, que planteó un alto el fuego, la salida de Hamás del poder y un gobierno tecnócrata palestino, con fuerte protagonismo de EE. UU. e Israel. En la ONU, retomó un tono más favorable hacia Ucrania, afirmando que podría recuperar su territorio.

Octubre y noviembre: cierre del Gobierno y ofensiva en el Caribe

En octubre, EE. UU. entró en un shutdown por falta de acuerdo presupuestario. Trump notificó al Congreso un “conflicto armado no internacional” contra los cárteles, habilitando ataques en el Caribe. El cierre gubernamental —el más largo de la historia, con 43 días— concluyó en noviembre, mientras se intensificaban los bombardeos a embarcaciones calificadas como “narcoterroristas”.

Diciembre y enero de 2026: máxima escalada

En diciembre, se agravaron las tensiones con Colombia y Trump anunció ataques a infraestructura vinculada al narcotráfico en Venezuela. En enero de 2026, su gobierno ejecutó una operación en Caracas que culminó con la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores, un hecho que sacudió a América Latina.

Paralelamente, Trump intensificó las presiones sobre Groenlandia, amenazando con aranceles para forzar negociaciones sobre la isla, y lanzó advertencias de ataques a Irán, además de amenazas directas contra el gobierno colombiano y los cárteles mexicanos.

Un balance crítico

El primer año de Trump 2.0 muestra un patrón claro: gobierno por decreto, confrontación constante y normalización del uso de la fuerza como herramienta política. Si bien su base celebra la dureza del enfoque, críticos advierten que estas políticas han erosionado normas democráticas, tensado relaciones internacionales y acercado a Estados Unidos a una lógica de intervencionismo abierto y autoritarismo ejecutivo, con efectos duraderos tanto dentro como fuera del país.

1. Erosión del orden internacional liberal

El mayor impacto del gobierno de Trump en 2025–2026 ha sido la aceleración del desmantelamiento del orden internacional construido tras la Segunda Guerra Mundial. Su retiro o debilitamiento deliberado de organismos multilaterales (OMS, CPI, acuerdos climáticos, ONU como foro central) no solo redujo la capacidad de respuesta colectiva a crisis sanitarias, ambientales y humanitarias, sino que legitimó el unilateralismo como norma.

Esto tuvo un efecto contagio: otros Estados comenzaron a relativizar compromisos internacionales, debilitando el principio de cooperación y sustituyéndolo por relaciones transaccionales basadas en fuerza, coerción económica o amenaza militar. El resultado ha sido un mundo más fragmentado, menos predecible y más propenso a crisis simultáneas.


2. Normalización de la coerción económica y el caos comercial

La política arancelaria masiva y “recíproca” impuesta por Trump supuso un golpe directo a la arquitectura del comercio global. Al imponer tarifas generalizadas —incluso a aliados—, Estados Unidos dejó de actuar como estabilizador del sistema económico internacional y pasó a ser su principal factor de incertidumbre.

Las consecuencias han sido múltiples:

  • Volatilidad en mercados financieros y cadenas de suministro.
  • Aceleración de estrategias de desacoplamiento económico respecto a EE. UU.
  • Fortalecimiento de bloques alternativos, especialmente en torno a China, que ha capitalizado el vacío de liderazgo estadounidense.

Este enfoque no solo dañó economías externas, sino que socavó la confianza estructural en el dólar, los bonos del Tesoro y la previsibilidad regulatoria estadounidense, pilares del sistema financiero global.


3. Militarización de la política exterior y debilitamiento del derecho internacional

Trump ha cruzado un umbral especialmente grave al normalizar el uso de la fuerza fuera de marcos jurídicos claros:

  • Ataques a instalaciones iraníes.
  • Operaciones militares en el Caribe bajo la figura ambigua de “narcoterrorismo”.
  • Captura de un jefe de Estado extranjero (Nicolás Maduro) sin un proceso multilateral reconocible.

Estas acciones han erosionado el principio de soberanía, debilitado el derecho internacional humanitario y sentado precedentes peligrosos: si EE. UU. actúa así, otros actores se sienten legitimados para hacer lo mismo. El mundo resultante es uno en el que la fuerza sustituye a la legalidad, especialmente para Estados medianos y débiles.


4. Profundización de conflictos regionales

Lejos de actuar como mediador, el gobierno de Trump ha funcionado como factor de escalamiento:

  • En Medio Oriente, su respaldo incondicional a Israel, combinado con la negativa a reconocer o siquiera problematizar las acusaciones de genocidio en Gaza, ha debilitado aún más la credibilidad de EE. UU. como actor neutral y ha radicalizado posiciones en la región.
  • En América Latina, la amenaza constante de intervención, los ataques en el Caribe y el lenguaje bélico hacia México y Colombia han reactivado memorias históricas de intervencionismo, empujando a varios países a diversificar alianzas estratégicas hacia China y otros polos de poder.
  • En Europa del Este, la ambigüedad inicial hacia Ucrania debilitó la coherencia occidental, incluso cuando el discurso se corrigió después.

El saldo es un mundo menos estable y más polarizado, con conflictos regionales interconectados y sin mecanismos eficaces de contención.


5. Crisis de legitimidad democrática global

Quizá el daño más profundo —aunque menos inmediato— es el impacto simbólico y normativo del trumpismo en el plano global. Al indultar a los responsables del asalto al Capitolio, gobernar por decreto, atacar universidades, prensa y tribunales, y deslegitimar elecciones y organismos internacionales, Trump ha exportado un mensaje claro: la democracia liberal es prescindible.

Este mensaje ha sido aprovechado por líderes autoritarios y movimientos iliberales en todo el mundo, que ahora citan a Estados Unidos —históricamente referente democrático— como ejemplo de que:

  • La concentración de poder es aceptable.
  • El disenso puede ser criminalizado.
  • Las reglas pueden romperse si se tiene fuerza suficiente.

El resultado es una erosión global de estándares democráticos, no por imposición directa, sino por imitación.


6. Impacto humanitario y derechos humanos

Las políticas migratorias extremas, las deportaciones masivas, la cancelación de programas humanitarios y el respaldo a operaciones militares con alto costo civil han tenido efectos humanos directos:

  • Millones de personas en situación de vulnerabilidad quedaron sin protección internacional.
  • Se debilitó el sistema global de refugio y asilo.
  • Se reforzó la idea de que los derechos humanos son instrumentales y negociables, no universales.

Este retroceso ha dañado décadas de construcción normativa en derechos humanos y ha reducido los incentivos para que otros países respeten dichos estándares.


7. Balance general: un daño sistémico, no coyuntural

El daño mundial ocasionado por Trump no se limita a sus decisiones específicas, sino a la lógica que las articula:

  • Sustituir reglas por fuerza.
  • Cooperación por coerción.
  • Instituciones por lealtad personal.
  • Derecho por excepción permanente.
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